Sectores y Cifras de Inversión

Entre 1974 y 2009, el sector Minería ha captado el 32,8% de los ingresos brutos de capitales materializados a través del DL 600. Le siguen Servicios (21,8%), Electricidad, gas y agua (19,6%), Industria (11,5%), Transporte y comunicaciones (11,0%), Construcción (1,9%) y Agricultura, Silvicultura y Pesca (1,4%). En el sector Servicios, los segmentos más importantes corresponden a Comercio (26,1%), Bancos (17,9%), Sociedades de Inversión (17,3%), Seguros (13,0%) y Otros servicios financieros (8,5%).

Producto de la decisión de las autoridades de eliminar las restricciones a la inversión privada en la exploración y explotación de yacimientos minerales, hasta 1995 el sector Minería representó más del 50% promedio de las inversiones vía DL 600.

Si bien su participación comenzó a disminuir gradualmente, hasta alcanzar una media de 15% en el trienio 1999-2001, ha mantenido su importancia en la estructura sectorial de la inversión extranjera materializada. Es así que en el año 2002 elevó su participación a 59,2% del total de ese año, originada principalmente por la adquisición de la mina La Disputada de Exxon por parte de la británica Anglo American, en US$ 1.100 millones. A partir de entonces ha promediado el 28% de los flujos totales de ingreso de capitales amparados al DL 600, debido a los nuevos proyectos relacionados con cobre y oro.

Las inversiones en servicios financieros, a su vez, comenzaron a incrementarse tras la desregulación del sector, como asimismo las inversiones en el área energía que comenzaron a tomar un rol protagónico.

La disminución de la importancia relativa de las inversiones mineras se atribuye principalmente a las altas inversiones en los sectores de Electricidad, gas y agua y Transporte y comunicaciones, incentivadas esencialmente por las privatizaciones en los respectivos sectores y por la gran competencia que se originó luego de la desregulación de los servicios de telefonía móvil y larga distancia, concentrándose en el período 2000-2005, una participación promedio de 24% para este segmento. Por otra parte, el Programa de Concesiones, lanzado en 1995, abrió el camino hacia la participación del capital privado, principalmente extranjero, en la construcción y explotación de carreteras y aeropuertos. La privatización de los servicios de tratamiento de aguas y su distribución también captó importantes flujos de IED. Recientemente, se han generado una serie de incentivos para el desarrollo de energías renovables no convencionales, que han resultado atractivos para los inversionistas extranjeros.

Desde 1997 y hasta 2001, en línea con una tendencia mundial, Chile experimentó un gran aumento en las fusiones y adquisiciones, principalmente en los sectores de Servicios, Electricidad y Telecomunicaciones. En 1999, por ejemplo, la española Endesa pagó US$ 3.200 millones por Enersis, empresa local de electricidad, mientras que otras grandes operaciones de fusiones y adquisiciones incluyeron la adquisición, entre 2000 y 2001, de la planta generadora de electricidad Gener, por parte de la estadounidense AES y en el 2001, la adquisición por parte de Telecom Italia de la compañía de telecomunicaciones Entel.

A partir del 2001, la tendencia cambió orientándose esta vez hacia proyectos que requerían menores montos de capital, pero con gran impacto en términos de creación de empleo y transferencia tecnológica. Este tipo de proyectos ha contribuido al fortalecimiento de la posición de Chile como centro regional de negocios desde el cual exportar bienes o proveer servicios hacia otros países. Esto, a su vez, ha atraído nuevas inversiones en los sectores de servicios, tales como hotelería e inmobiliario.

Estos proyectos de alto impacto son numerosos y variados. Van desde iniciativas de desarrollo de software, call centers y servicios compartidos, hasta nuevas inversiones en los sectores de Industria y Agronegocios. Este tipo de negocios se manifiesta también en 2008, con la instalación de la planta de fabricación de materiales autoadhesivos de la italiana Ritrama, localizada en Curauma, que exportará más del 80% de su producción a Latinoamérica. Además, el laboratorio holandés Synthon está construyendo en Chile una planta para producir medicamentos genéricos, el 95% de los cuales se venderá en el exterior.

Durante el 2004, nuevamente en línea con la tendencia mundial, el mercado de las fusiones y adquisiciones volvió a ganar dinamismo. Una vez más, el mercado chileno experimentó un alza en las adquisiciones de empresas locales por parte de empresas extranjeras. Sin embargo, en una nueva tendencia, las empresas chilenas también han comenzado a comprar activos de empresas extranjeras que operan en el país y los analistas de mercado anticipan que esta tendencia continuará a medida que las empresas chilenas, con amplio respaldo financiero, busquen extender sus mercados y hacerse más globales. A modo de ejemplo, en 2003, la británica Anglian Water vendió a un consorcio local la parte que controlaba en la compañía de agua Esval, mientras que en el 2004, el Dresdner Bank vendió sus operaciones al Banco Security. A principios del 2005, un grupo local compró a Telecom Italia la parte que controlaba en la empresa de comunicaciones Entel.

La operación más importante en el sector de las telecomunicaciones en 2005, sin embargo, fue la adquisición de Smartcom por parte de América Móvil, lo que marcó el inicio de la expansión de la empresa mexicana en Chile, la que ha continuado, desde 2006, ampliando sus operaciones en el país.

Las inversiones en el sector, siguiendo las tendencias internacionales y en virtud de los elevados niveles de competencia nacionales, permiten que operadores tales como Telefónica de España y VTR hayan efectuado un giro hacia la integración de servicios de telefonía, banda ancha y entretenimiento (televisión digital satelital y sobre IP).

Las operaciones de adquisiciones que marcaron las inversiones de 2006 corresponden, principalmente, a Transelec por parte de la canadiense Brookfield Asset Management, equivalente a US$ 1.123 millones; Sal Lobos cuyas acciones fueron compradas por la alemana K+S; Southern Cross por compra de Essbio y Concesionaria Costanera Norte adquirida por Autostrade de Italia.

En este sentido, en el 2007 las inversiones también corresponden principalmente a adquisiciones que se dieron en diversos sectores de la economía nacional: la colombiana Terpel compró la cadena de distribución de combustibles Repsol YPF, ingresando en el período un total de US$ 189 millones; la Oferta Pública de Adquisición de acciones de ESVAL fue adjudicada a la canadiense North York Global, cuyo controlador final es el fondo de pensiones canadiense Ontario Teachers’ Pension Plan Board (OTPPB), que aportó US$ 105 millones y la estadounidense Samsonite, en la adquisición de Saxoline.

En el 2008 también se dieron importantes inversiones en el área de Electricidad, gas y agua, tales como la adquisición de empresas sanitarias por parte de la canadiense OTPPB y la inversión de GV Cayman Trust, subsidiaria de la australiana Challenger, en la compra de la Empresa de Gas de la Región de Valparaíso. Las inversiones del sector minero se orientaron principalmente al incremento de las operaciones de la canadiense Barrick y al inicio de las actividades para la entrada en operación de los proyectos cupríferos Esperanza y El Tesoro, ambos por parte de Los Pelambres Investment y Marubeni.

En el rubro vitivinícola figura la inversión de la empresa portuguesa Sogrape en la compra de las viñas Chateau Los Boldos y Santa Amalia. En el sector Silvicultura destaca la inversión de Foralco, a través de Grupo Nueva destinada a la compra de acciones de la empresa Masisa, así como también las nuevas iniciativas de las estadounidenses GMO Long Horizons Forestry Fund y Fund 7 Foreign, además de la japonesa Mitsubishi Corporation.

En cuanto al destino geográfico de la IED dentro de Chile, el 38,7% de la inversión materializada entre 1974 y 2009 se destinó a proyectos multirregionales, mientras que un 25,4% se invirtió en la Región Metropolitana de Santiago, seguida por las Regiones de Antofagasta, de Atacama y Tarapacá, en el norte del país, que acumularon un 14,5%, 5,7% y 4,6% de los flujos totales, respectivamente. En estas últimas regiones, la importancia en cuanto a montos obedece a su vocación productiva minera; la inversión multirregional, en cambio, responde esencialmente a los proyectos energéticos, de telecomunicaciones y servicios financieros.

Fuente: Comité de Inversión Extranjera

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