Mujeres Migrantes: Más allá de las ollas

Mujeres Migrantes

Cada semana nuestro portal publicará dos relatos autobiográficos de mujeres migrantes en Chile. Más de un centenar de mujeres originarias de Chile, Perú, Ecuador, Bolivia, Argentina, Brasil, Uruguay, Venezuela, Cuba, Colombia, Rumania y Yugoslavia, residentes en las ciudades de Santiago, Arica, Iquique, Antofagasta, Calama y Copiapó, son las autoras de las narraciones que publicaremos cada lunes y miércoles, gracias a ProAndes.

Los testimonios son a ratos conmovedores, por lo mismo se mantendrá el anonimato de las autoras. Comenzamos esta selección con la historia de Ada. 

                                                                   A mi tesoro, mi hijo

Les contaré que una calurosa tarde de Junio mi madre me trajo a este mundo para luchar, creo yo, por la vida, que hasta hoy no me ha sido fácil. Soy la segunda de 10 hermanos, 2 hermanos murieron al momento de nacer, hoy creo que fue lo mejor.

Mi madre ama de casa, mi padre de profesión Sastre pero machista porque no apoyaba a mi madre a que usara algún anticonceptivo, tampoco dejaba que trabajara por el que dirán. Así que, como muchas mujeres, trabajaba a escondidas de mi padre, lavando o planchando ropa de las personas. Así crecimos mis hermanos y yo, en medio de la pobreza y la religión Adventista porque esa religión nos enseñaron.

Yo aún recuerdo las palabras de mi padre; mis hijos estudiarán la básica y punto, luego verán lo que hacen con su vida, pero mi mamá siempre lo enfrentaba argumentando que por lo menos nos dé la educación media y así fue, como con trabajos de mi madre y cuando mi hermano mayor y yo pudimos trabajar  logramos culminar la media, luego nosotros trabajaríamos para ayudar a los menores, que con mucho esfuerzo el 2003, terminó el último de nosotros.

Somos del puerto de Perú, Chimbote, puerto donde abunda el pescado y la tranquilidad, pero yo tengo vagos recuerdos de paz y felicidad en mi hogar.

Tengo 33 años y me encuentro en Santiago aproximadamente seis años, tengo un hijo de 10 años y legalmente aún estoy casada. Hoy recuerdo con mucha nostalgia mi salida de Perú, el sueldo de mi esposo era insuficiente para sostenernos, yo sin trabajo, con hijo pequeño y una casa construida con mucho sacrificio y prestamos que ENACE en ese entonces proporcionaba a las familias de bajos recursos. La distancia de mi casa a Lima es de 1 hora 30 min. Eran dos locomociones de ida y dos de vuelta, más la canasta familiar, más los gastos comunes, el préstamo y la educación de mi hijo, por último mis padres necesitan ayuda económica para educar a los cinco hermanos menores que aún quedaban en casa.

Todo esto significaba por lo menos tres veces el sueldo que él ganaba. Era necesario que yo trabajara, ya mis problemas conyugales empezaron desde el día que me casé. Estaba acostumbrada a trabajar, ir a la universidad, arrendar una pieza, ayudar a mis padres, un día dije basta, quiero formar una familia, tener hijos, pero los 23 años que tenía, los estudios universitarios inconclusos no fueron lo suficiente para formar un hogar.

 Tarde comprendí que la formación Cristiana que mis padres me habían inculcado no sería suficiente. Mi matrimonio fracasó por no entender que la sexualidad en pareja es de a dos, mi esposo nunca me enseñó a ser mujer, la actitud que el tomó fue de un tipo machista…llegó el momento que abusaba sexualmente de mí y yo en mi ignorancia dejé que pasara una y otra vez. Cuento esto porque no quisiera que otra mujer pase por lo que yo pasé, el estar casados no les da derecho al hombre de violar a su mujer.

En junio de1988 mihermana menor y yo decidimos cruzar las fronteras, las dos con el fin de encontrar una mejor remuneración para ayudar a mis padres y yo de poder traer a mi hijo algún día En la frontera tuvimos inconvenientes en el  Control de Santa Rosa, nos pidieron una coima de 200 dólares, pero como toda norteña pedí una rebaja que al final nos costó 80 dólares. Así que con los 102 dólares restantes  cruzamos la frontera.

Ya en Santiago, me di cuenta de la realidad de ser inmigrante, mi hermano no había logrado comprar una cama ni un colchón, fue tan difícil con tan baja temperatura lograr dormir, pero al día siguiente fue más triste tener que ver la realidad que muchos compatriotas deambulaban enla Plazade Armas sin empleo. Me dieron el dato de la agencia del gringo, un estafador que por 80 dólares te colocaba en alguna casa, yo tuve la mala suerte de solicitar sus servicios, pero como no tenía dinero suficiente  me retuvo el pasaporte, cuando cobré mi primer sueldo recuperé mi pasaporte. Mi primer trabajo, nunca voy a olvidar esa experiencia, trabajaba 14 horas entre lavar ropa de muchos abuelos, porque era una casa de reposo, no tenían lavadora, sin guantes mis manos se llegaban a partir, estaba encargada de la limpieza de los patios, los pasillos, ah también del living.

Saben, no me importaba lo difícil del trabajo pero me angustió el maltrato de los abuelos y lo peor que trabajé 3 meses 15 días y solo me pagaron 100 mil pesos, fue todo lo que recibí, nunca voy a olvidar su nombre que es el nombre del Papa y queda ubicado en pleno centro de Santiago en calle agustinas…

Ahora les contaré que en ese hogar me nació la idea de estudiar auxiliar de enfermería y lo logré, trabajé en un domicilio cuidando a una abuela de 92 años con Alzhaimer avanzado, confiaron en mi vocación mientras estudiaba, me siento orgullosa de contarles que me  gradué con 6.9 de promedio, con una excelente recomendación. En mi práctica en Hogar de Cristo, la enfermera me propuso para trabajar en sala de enfermos remplazando a los auxiliares paramédicos que salían de vacaciones.

Desde aquel día mi suerte fue otra, puedo decir que yo labré mi propio destino, hoy logre establecer mi economía, ayudar en la mantención de mi hijo, ayudar a mis padres y vivir dignamente en Santiago, tengo todas las comodidades y en noviembre me darán la respuesta de la nacionalidad chilena y pronto muy pronto podré postular al subsidio habitacional.

Mi sueño es un poco mas amplio, estudiar enfermería universitaria, no me lo he propuesto como meta, pero ténganlo por seguro que en cualquier momento lo lograré.  Hoy me encuentro trabajando en un domicilio de la comuna deLa Reina, pero siempre existe el trato desigual por ser inmigrante, yo realizó el trabajo de auxiliar de enfermería pero siempre quieren utilizarnos para otros servicios. Ayer mi jefe hizo un comentario que me bajoneó mucho…alguien llamaba a la puerta y yo estaba ocupada con la paciente y la nana estaba muy ocupada, nuestro jefe salió a abrir y comenta “esta enfermera es sorda, no escucha el timbre, esta mujer es una tonta no sirve para nada”. No saben como se me caían las lágrimas en ese momento, quise irme a mi casa, volver al lado de mis padres, abandonarlo todo, pero me lavé la cara y decidí continuar hasta encontrar otro trabajo y no quedarme sin empleo.

Hasta cuando sufriremos las humillaciones, este mismo caballero tiene empleada a otra compatriota que un día le pidió aumento de sueldo y su respuesta fue fría. “De las gracias que tiene trabajo…” eso fue lo que alcancé a escuchar. Cuando daremos fin a estos abusos. Hoy leía un libro que lleva como título “Aprendiendo a decir que No” y creo que eso nos hace falta a muchos de nosotros, decir No frente a cualquier abuso, así sea verbal. No podemos dejar que nos sigan humillando, somos seres humanos con sentimientos y derechos igual a los que viven en el barrio alto. Se necesitan hombres y mujeres que seamos capaces de llamar al abuso por su propio nombre, hombres y mujeres que no teman enfrentar la verdad.

Les contaré otra triste realidad que me trajo consigo la depresión, hace dos años traje  a mi hijo y a su padre. Las vacaciones de mi hijo se alargaron y logré que se quedara a estudiar el 3º básico, su padre regresó al Perú, sabiendo de antemano que nuestro matrimonio fracasó hace mucho tiempo. Me sentía feliz. Mi hijo y yo al fin juntos. No saben cuan sacrificado era salir a las 6:30 de la mañana, en pleno invierno, con lluvia caminar 15 cuadras con mi hijo que aún no se terminaba de despertar, lo abrigaba tanto que solo lograba ver sus ojos. Siempre fuimos los primeros en llegar a la escuela Guillermo Matte, luego yo corría tres cuadras para tomar la locomoción que me trasladaba al trabajo. Lo bueno en Santiago es que a los estudiantes se les da el desayuno y el almuerzo, ya a las 16:30  la movilidad trasladaba a mi hijo a la pieza, ahí empezaban mis temores. Yo tenía un celular con el cuál nos comunicábamos frecuentemente. No se imaginan como contaba las horas para poder volver a ver a mi hijo. Me recibía con besos y abrazos, esos gestos de mi hijo me devolvían las fuerzas para continuar con el día a día. Pero saben, que más de una vez mi hijo se quedaba dormido  jugando en el suelo o atravesado en la cama esperando que yo llegara…

Aún lloro recordando esas escenas, luego vino los últimos meses del año donde podía postular para una beca, lo hice y fui la madre más feliz del 2003, no pagaría la mensualidad ya que era subvencionado, hasta los alimentos no tendría que pagar. No me duró mucho la felicidad, ya que los niños, no todos, algunos, se habían encargado de maltratarlo físicamente, también lo insultaban, hasta en el furgón le trataban de cholo peruano, vuélvete a tu país, le quitaban la mochila, le golpeaban y yo faltaba al trabajo para reclamar pero nadie hacia nada…

Llegaron las vacaciones de verano y mi hijo se fue al Perú y no quiso regresar, yo viaje a fines de febrero pero me regresé con las manos vacías, él no volvió. Mi hijo no volvió conmigo…aún lloro recordando mi pieza llena de juguetes, ropa, uniforme, cuadernos. Me costó 3 meses para darme cuenta que necesitaba ayuda psicológica, gracias a los consultorios que tienen atención gratuita recibí la ayuda que necesitaba y volví a tener ganas de luchar por tener a mi hijo de nuevo en Santiago. Aún estoy intentándolo una y otra vez. 

Ada.

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