Y dale Juana con la Palangana: Ahora fue el turno del erudito Cristián Warnken

Por: Álvaro Álvarez. Director ChileAjeno

En su columna quincenal en la página de blogs de El Mercurio, el profesor de castellano convertido en figura de televisión se refiere al incendio de las Torres del Paine. La columna ha desatado enfrentamientos entre los lectores que comentan en el sitio, sin embargo, pocos han notado el sentimiento xenófono en el que se basa el comentario.

“Hay turistas que, en estas lejanías, se arrodillan sólo para hacer sus necesidades o quemar papel confort y hacer arder miles, millones de años de historia y prehistoria”.

Sin echarle la culpa “al otro”, Warnken arremete contra la autoridades y contra este Chile débil institucionalmente que no se preocupa de cuidar su patrimonio como puede hacerse en otras naciones. ¿Y acaso no podría estar de acuerdo con esa tesis? En algunas ocasiones nos hemos referido al poco valor de la institución Patrimonial en Chile y de cómo los valores estéticos y arquitectónicos de las ciudades sucumben ante la beligerancia del mercado, en especial de las inmobiliarias. Sin embargo, la importancia que Cristian W. le da al hecho de que un extranjero haya sido el culpable del incendio provoca el aborto de su buena fe al escribir el comentario.

¿Qué pasaría si la Catedral de Notre Dame de París se quemara y se descubriera que el origen del incendio es producto de la negligencia de un turista extranjero que prendió fuego al interior de ella? ¿Qué ocurriría si por un descuido de un turista chileno se incendiara una sinagoga milenaria en Jerusalén o una mezquita en La Meca?” – se pregunta el poeta, dejando claro desde el inicio mismo del texto la causa “la negligencia de un turista extranjero” y comparando hipotéticamente la situación si el autor en otro lugar derl mundo, de un hecho similar, hubiera sido un “turista chileno”.

El columnista le entrega el valor adecuado al Parque Natural continuando con sus odiosas comparaciones “el que miles de hectáreas de las Torres del Paine estén ardiendo es tan grave para Chile como lo serían para franceses, judíos e islámicos las imaginarias destrucciones que acabo de enumerar. Porque los templos de Chile son nuestras cumbres, nuestros bosques, porque nuestro tesoro espiritual y sagrado es nuestra geografía y paisaje. Por eso Neruda en su poema “Entrada a la Madera”, cuando se sumerge en el bosque austral, afirma: “en tu catedral dura me arrodillo/ golpeándome los labios con un ángel“.

Pero imperdonable, tanto periodística como humanamente, me parece esta frase que extraigo textualmente de la columna mencionada: “Hay turistas que, en estas lejanías, se arrodillan sólo para hacer sus necesidades o quemar papel confort y hacer arder miles, millones de años de historia y prehistoria”. Repito. Imperdonable y poco feliz frase que no lleva a otra cosa que a generar animadversión en contra de los extranjeros que visitan el país y contra los que conviven en un país donde ya no todos los extranjeros se miran por igual.

En otra parte de su exposición, el conductor de Una Belleza Nueva dice     que “el valor de las Torres del Paine tiene que ver con la dimensión estética y metafísica de nuestro territorio. Y será un valor cada vez más escaso y apreciado en el mundo. Me gustaría que nuestros propios reservistas, nuestros jóvenes fueran enviados a la Patagonia a conocerla y habitarla, antes que miles de reservistas de un país lejano que acampan en lugares prohibidos, infringen y desobedecen toda norma y prenden fogatas con ramas de hojas perennes. Dudo que hagan lo mismo en su propio país”.

Me reconozco su televidente. Soy un defensor de su apuesta televisiva. Y creo que incluso, el hecho de que un profesor de castellano logre saltar las barreras de una TV-Basura hecha por muchos otros profesores ya le merece mi respeto. Pero no puedo dejar de confrontarlo en este episodio de evidente xenofobia. Él que hace un programa de televisión basado en el papel educativo que parece reconocerle a los medios de comunicación, por lo tanto, – espero – reconozca ese mismo papel en la prensa escrita como medio de creación de tendencias de opinión y de estructuración de las agendas. Por eso, y porque el lenguaje nunca es inocente, debería de haber cuidado su evidente estado de ira en contra de los extranjeros, aunque se haya esforzado en adornarlo con su experiencia en el uso del adjetivo y del verbo.

Esforzándose en lograr “el equilibrio” que exigen los “objetivistas” del periodismo, Warnken piensa que su xenofobia quedará “equilibrada” si hace referencia también a las actitudes y costumbres de los nacionales. Por eso se pregunta. “¿Pero no somos nosotros mismos los peores turistas de lo propio? ¿No basureamos acaso nuestro litoral? ¿No hemos convertido a Valparaíso, Patrimonio de la Humanidad, en una postal pintada a la rápida “con una mano de gato” de colores chillones, sin un mínimo sentido de nuestra propia estética e historia?

Después de dar sus opiniones dispersas acerca del tema de la educación en Chile, proponer enviar jóvenes a la Patagonia, criticar la falta de áreas verdes en Santiago, entre otras cosas que lo hacen divagar, Cristian deberá terminar su tesis inicial del comentario.

Y como es lógico, termina como comenzó, con una frase para  no olvidar: “me gustaría que nuestros jóvenes fueran enviados a la Patagonia a conocerla y habitarla, antes que miles de otros de un país lejano que acampan en lugares prohibidos, infringen y desobedecen toda norma y prenden fogatas con ramas de hojas perennes”.

Aldo Gherardelli Maurer es de los pocos que, en el concierto de apostillas que ha recibido el comentario, hace referencia al tema de la evidente xenofobia del autor. Escribe el lector: “Vean los hechos del Bio Bio, Ñuble, Temuco y Victoria. El que ahora haya sido un ciudadano Israelí el último autor, es un hecho meramente circunstancial. Dentro de poco lo hubiese quemado un ciudadano Chileno y al resto de la comunidad le hubiese dado lo mismo. Son más importantes el Festival del Huaso, las lolas de Reñaca y estar al día en las redes sociales. El resto; paja picada”.

El Señor Warnken sabe muy bien la importancia de la palabra en el pensamiento. Y esta vez ha dejado muy en claro, y por intermedio de sus propias palabras  que a veces hay PENSARES que no son tan BELLOS.

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