Con fallos técnicos y evidente desorganización se desarrolló en Santiago Festival del Artista Migrante

Por Álvaro Álvarez. Director de ChileAjeno

No fue una vez, ni dos, ni siquiera tres. Fue casi siempre y a toda hora, hasta el punto del desespero y de la vergüenza ajena. El Primer Festival de la Canción Migrante casi aborta su excelente e inédita propuesta por culpa de una mediocre y lamentable puesta en escena.

Desde que supimos del evento, ChileAjeno ha sido un activo promotor de la iniciativa que, por primera vez, juntaría en un mismo escenario a artistas extranjeros residentes en Chile; una oportunidad única para colaborar con la integración desde la cultura y la música. Por lo mismo, este 22 de enero pasado, estuvimos desde el minuto uno hasta el final del evento, organizado por El Canelo de Nos, con el apoyo de Fundación Ideas y con financiamiento estatal.

Reiterando nuestro compromiso con los promotores de este proyecto y validando la importancia del mismo tenemos, sin embargo, que ser claros y directos en el momento de evaluar el festival. Nuestra  conclusión, después de seis horas de apreciar el espectáculo, es que fue absolutamente injustificable tanta falta de respeto hacia el público y, lo que es peor, hacia los artistas que postularon y que pusieron sus energías, ganas y sentimientos en esta oportunidad sin precedentes.

Que un evento comience una hora más tarde es casi común para nuestra idiosincrasia latinoamericana. Sin embargo, que un evento, que tenía horario de cierre cercano a las 10 de las noche de un domingo pudiera retrasarse tanto, exigía cambios sobre la marcha para evitar el cansancio y la molestia. La duración de seis horas fue, sin dudas, un exceso que pudo haberse aminorado si técnicamente el festival hubiera funcionado al menos de forma aceptable. Pero tampoco ocurrió, obligando al público y al jurado a pasar largas horas bajo el sol más fuerte y recibir la noche con un frío que no estaba previsto. Quizás un toldo o un escenario techado, aunque hubiera implicado un poco más de recursos económicos, habría librado al evento de una de sus grandes pesadillas.

Los problemas con el sonido fueron reiterados. Parecíamos asistir al ensayo en lugar del evento mismo. Los competidores no tuvieron la posibilidad de hacer pruebas de sonido, lo que implicó que, previo a cada presentación, se perdiera valioso tiempo en pruebas con micrófonos, computadores, guitarras,… y en coordinaciones que deben ser invisibles para el público.

La falta de sentido estético fue transversal durante todo el tiempo.

El personal técnico se paseaba incólume durante las actuaciones de competidores que estaban buscando un premio en el festival. Jóvenes estirando cables, recogiendo cables, volviendo a estirar cables… eran suficiente motivo para la desconcentración de los intérpretes que, ya comenzaban sus actuaciones, habiendo pasado un momento incómodo cuando constataban que sus pistas y micrófonos no estaban listos.

La falta de escenografía se notó, pero fue más evidente ante el descuido de los organizadores. Al paseo constante del personal técnico o de voluntarios, se sumaban niños jugando que corrían por donde mismo el cantante intentaba impresionar al jurado, perros que se paseaban “como perros por su casa”, decenas de “desconocidos” que se sentaban en la parte trasera del cetro artístico o los enardecidos que subían gritando con banderas, entre otras “sorpresas”. Nunca se vio a nadie de la organización tratando de evitar estos momentos que ensuciaron cada actuación.

A ello se suma que varios artistas vieron limitadas sus posibilidades de movimiento escénico, debido al exceso de cables en sus pies y a un escenario de rocas al que un simple tablado hubiera ayudado mucho.

Con esta falta de cuidado, coordinación y ritmo artístico quien salió peor parada fue la conductora que, siendo una excelente profesional, tuvo momentos en los que ya no sabía qué hacer o qué pasaba. La animadora fue, sin dudas, un acierto. Con un lindo timbre de voz, excelente presencia escénica, cierta simpatía y el guión aprendido pudo sortear hábilmente los difíciles lapsos a los que fue expuesta por sus compañeros de equipo.

El armado de la parrilla fue otro punto débil. No se puede comenzar un bloque con un reggaetón y terminar, por ejemplo, con un bolero. Faltaron conocimientos básicos para lograr un mejor equilibrio y balance musical. Tampoco ayudó la selección de algunos competidores que mostraron muy bajo nivel artístico y calidad. En honor a la verdad, fueron los menos.

En diciembre del 2012 volverá el Festival, según sus organizadores. Y nos complace la noticia de que los inmigrantes puedan contar con un espacio de integración como este. Estaremos apoyándolos nuevamente, pero ojalá que sean tomados en cuenta todos los errores que impidieron que la primera versión se recordara por su calidad. Una manera de hacer cierta la IGUALDAD DE TODAS LAS VOCES TODAS es haciendo lo imposible porque el artista migrante tenga también un escenario de calidad y un espectáculo ejecutado por profesionales de calidad. Que sean migrantes y que estén en la cadena de la discriminación social no justifica la puesta en escena de un evento como el que vimos.

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